
Una de las consecuencias de escribir un blog es que empiezas a unir automáticamente en tu cabeza los pasajes que has leído con los enlaces a sus lugares de origen. Al menos a mí me pasa. Lo malo es saber que tienes el enlace perfecto para un artículo pero has olvidado donde estaba y ya no lo puedes utilizar (¿quién se atreve en Internet a citar sin poner el enlace?). Aún peor es tener la sensación, sólo la sensación, de haber leído en algún momento el enlace perfecto sin ni siquiera recordar de qué hablaba.
Otra consecuencia es que dejas de creerte casi todo lo que lees y comienzas a aceptar que nadie mantiene las mismas opiniones que tú en todos los temas. Esta última es más frustrante que la primera, pero también más positiva. Un recurso bastante cómodo de las personas es encontrar a alguien que piense por ellas.
Me gusta como escribe M su blog/columna/editorial/obra literaria, y piensa igual que yo en tres temas importantes; cada vez que necesite reafirmar mis opiniones o decidir cuál es mi posición en algún tema leeré a M y me quedaré tranquilo. ¿Alguien ha resistido esta tentación durante toda su vida? Yo no. Por eso me parece interesante el efecto inmunizador de leer y/o escribir blogs. A menudo me sorprendo encontrando entre los comentarios de mis bitácoras preferidas, opiniones sensatas y acertadas que desmontan el discurso del artículo original. Y no me queda otra que aceptarlas, o coincidir con ellas, o concederles sus méritos aunque no esté en absoluto de acuerdo. De este modo me voy dando cuenta de que no pienso exactamente igual que el autor
M, que no puedo confiar en él. De este modo me obligo a pensar por mí mismo, a elegir por mí mismo, como decían los
Planetas (ya está, al final no he podido resistirlo más y he puesto un enlace a los Planetas. Lamento, levemente, la frivolidad.)
No queda otro remedio que aceptar la diversidad como algo intrínseco al ser humano. A pesar de la publicidad, las modas, las revistas de tendencias, el cine y los anuncios de Coca-Cola; el espacio para la expresión individual y personal sigue todavía presente, incómodo a la par que invalorable. Por ejemplo, hace un par de días la
Petite hablaba de esos grupos de música a los que califica como
adultos que lloran. Citaba un
artículo en el
blog del casi ubícuo --aunque para mí recién descubierto--
Tones. Coincido con sus intenciones y con las opiniones sobre algunos de estos grupos. Respecto a otros, disiento profundamente. Eso sí, los comentarios de los lectores son imprescindibles. ¡Qué manera tan humana de crear conflictos artificiales! La pluralidad en acción. Me quedo, sin duda, con el precioso
vídeo de
Low Morale sobre la versión acústica de Creep. Como dice Tones:
"Sin dejar aparte la canción, parece que Radiohead ha tocado techo inspirando algo tan bonito." Buceando por esos enlaces encontré otros vídeos interesantes: "
Face" [
vía], "
Spoonman" [
vía].
Más complejas y menos inofensivas me parecen estas polémicas en otro tipo de temas. Por ejemplo, que
Eric S. Raymond, uno de los máximos filósofos e impulsores del
open source (imprescindible
The Cathedral and the Bazaar), diga lo que dice [
1,
2]de gente como Sunsan Sontag, no deja de parecerme injusto y doloroso. Aunque objetivamente no hay nada que prohiba defender el
open source desde unas posturas políticas y sociales como las que defiende Raymond, hubiese preferido que no fuese así. La mía sí que es una postura de niño, ya ven. Yo sigo prefieriendo el posicionamiento que subyace detrás del término
free software antes que el de
open source (
impulsado por Raymond), aunque ambos hablen casi de la misma cosa. Y eso, a pesar de que
Richard Stallman está un poco loco, sea un poco sectario y tenga demasiadas ínfulas de lider. La opinión es la opinión, personal y propia, tanto en la música como en la política.