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H. Zynisch y los papeles del timonel

G L O R I O S O

G L O R I O S O Si la belleza tuviese nombre, si pudiese tocarse, sería sin duda una cana en el pelo de Patti Smith. Si la tormenta tuviese voz, si los truenos gritasen palabras, las nubes vivirían en las cuerdas vocales de Patti Smith. Y si fuese cierto que el mundo pudiese cambiar, si fuese cierto que el poder lo tenemos todos nosotros y no los gobiernos aliados con los negocios, si todas las palabras de Patti Smith fuesen ciertas, los primeros versículos de la Biblia serían "Jesus died for somebody’s sins but not mine".

En 1975 John Cale ya había escrito un par de páginas en la historia de la música, primero con The Velvet Underground y después por su cuenta. En 1975 se metió en el estudio con Patti Smith y sus chicos y grabó uno de esos discos que nunca envejecen. Treinta años después, he podido ver ese milagro en directo. Ayer asistí a mi primer concierto de Patti Smith, una experiencia cuasi mística. Entre el público estaba gente tan ilustre como Manoel de Oliveira o John M. Coetzee. Sobre el escenario estaba gente tan ilustre como Patti Smith, Tom Verlaine, Lenny Kaye o Jay Dee Daugherty. Patti Smith bailaba, gritaba, se descalzaba o caminaba entre el público para ir hacia su hija y cantarle "cumpleaños feliz". Y lo hacía todo con la misma energía que podría imaginarse de una musa punk con veintitantos años y un disco bajo el brazo.

Pero Patti Smith no tiene ya veintitantos. Ha perdido un marido, una familia y muchos muchos amigos. Lo dejó todo para proseguir su formación y educar a sus hijos. El destino y el cáncer le arrebataron a demasiada gente cercana así que tuvo que volver, tuvo que cantar otra vez. Triste para ella, fortuna para el mundo. Cuando ayer la ví agitar un puño en el escenario gritando "revolution", gritando "gente", gritando "cientos, miles, millones"; cuando ví su danza hipnótica que le descolocaba los viejos vaqueros, que siempre han sido así de desastrosos, juro que podría haber agarrado un cóctel molotov, un fusil y haberme lanzado a destruir costosos trajes de Armani. Porque en su voz y en sus palabras está el sonido de la razón y la furia. Y si fuese cierto que el mundo pudiese cambiar, si fuese cierto que el poder lo tenemos todos nosotros y no los gobiernos aliados con los negocios... entonces, no sé, a lo mejor podíamos volver a empezar.

Jesus died for somebody’s sins but not mine.
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1 comentario

Leyla -

"When suddenly... johnny... gets the feeling... he’s being surrounded by...
Horses, horses, horses, horses...
Coming in in all directions
White, shining, silver studs with their nose in flames,
He saw horses, horses, horses, horses, horses, horses, horses, horses...". Inevitable ir tarareando una de mis canciones favoritas de toda la historia mientras leía tu post, ¡¡¡qué suerte!!! Bicos
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