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H. Zynisch y los papeles del timonel

Los locos

Los locos

"En el siglo XXI, dentro de cincuenta años, el historiador que estudie nuestro tiempo se verá obligado a mirar millones de kilómetros de grabaciones televisivas para intentar comprender las migraciones, los genocidios, las guerras, y sacará la idea de un mundo enloquecido en el que todos disparaban contra todos, mientras que sabemos muy bien que vivimos en un mundo relativamente pacífico, si tenemos en cuenta el hecho de que en nuestro planeta viven casi seis mil millones de personas, que hablan dos mil o tres mil lenguas diferentes, con intereses innmumerables. Pero el historiador del siglo XXI tendrá una visión de nuestro mundo completamente distinta, llena de tragedias, de dramas, de problemas."

"Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo."
Ryszard Kapuscinski

Y tal vez sea cierto, tal vez no, que del 1900 en adelante el mundo se ha convertido, pese a esas tragedias que llenan kilómetros de grabaciones televisivas, en un lugar mejor. Kapuscinski ha recorrido África durante más de veinte años, transmitiendo las crónicas de todo lo que allí sucedía para una agencia de prensa polaca. Ha cubierto las revoluciones y los golpes de estado que dieron forma al continente durante el siglo XX, y ha conocido, de primera mano, a los personajes que forjaron la descolonización del continente con vientos de esperanza en una nueva África. Por supuesto estuvo allí cuando muchas se desplomaron, y también lo contó, porque los pobres --esa parte infeliz de la familia humana-- sufren y lloran en silencio, no tienen voz,y necesitan a alguien que hable por ellos.




"Isn't it odd how parents grieve if their child spends six hours a day on the 'Net, but are delighted if those same hours are spent reading books?"

Nicholas Negroponte

Nicholas Negroponte, es uno de los fundadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y director del mismo. En 1985 creó en el seno del MIT el Media Lab. Es, además, uno de los impulsores del Wired Magazine y accionista de infinidad de pequeñas y visionarias empresas en el sector tecnológico. Muchos los tildan de utopista y de tener una visión demasiado positiva de la tecnología. Y tal vez sea cierto, tal vez no. Pero que una persona de su posición (es también alto cargo en empresas como Motorola) se implique en un proyecto realista y factible para dotar a millones de niños del tercer mundo con un ordenador portátil de bajo coste (100$) para su educación [One Laptop per Child (OLPC)] es, desde luego, esperanzador. Bienvenidas sean las utopías tecnológicas, por ejemplo la Wikipedia, que ya cuenta, desde hace varios meses, con el artículo que yo pretendía escribir sobre el increíble proyecto. Tan genial desde el punto de vista social como del tecnológico, y si no se lo creen, échenle un vistazo a estas fotos en CNET News.

[Foto de pyreus via flickr]

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Sin dejar los estudios

Sin dejar los estudios

Septiembre es un mes hecho para los estudiantes. Para que se hacinen en las bibliotecas hasta las dos de la mañana intentando recuperar el tiempo derrochado. Es la última lotería del curso, y la que decide a qué se dedicarán el próximo. Lo triste es que más que hojas secas y vientos fríos de otoño hay crepúsculos estivales y días de playa sin opción a ser vividos. Yo, pese a todo, adoro septiembre; quizás porque ser estudiante, como ser joven, es más un éstado de ánimo -- en el que me he quedado atascado -- que un asunto coyuntural. Si alguno más comparte esta deformación del carácter le aconsejo que visite el sitio web de MIT OpenCourseWare. El MIT (Massachusetts Institute of Technology), uno de los más prestigiosos institutos tecnológicos del mundo, pone a disposición de todos el material docente que emplea en sus propios cursos. No ofrece ningún tipo de titulación académica ni es una experiencia de educación on-line; es, sencillamente, compartir el conocimiento humano con quien esté interesado. Para nosotros, estudiantes irredentos que queremos saber cómo funciona la visión humana o en qué se basa la teoría de la información, no podía haber mejor noticia. Universia, además, ha traducido algunos de estos cursos al español y portugués.

El estado de las cosas

El estado de las cosas

El Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas es una iniciativa encargada por el Secretario General de las Naciones Unidas para desarrollar un plan de acción concreto a nivel mundial que logre invertir la situación de pobreza, hambruna y enfermedad en la que viven (y mueren) miles de millones de personas. Dirigido por el profesor Jeffrey Sachs, el Proyecto del Milenio presentó un informe final de recomendaciones en enero del 2005. Dicho informe es una publicación independiente y no refleja necesariamente las opiniones de las Naciones Unidas, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo o de sus Estados Miembros. En este enlace [+] se presenta un resumen de dicho informe en español.

En la página del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se puede encontrar una presentación que indica el cumplimiento de dichos objetivos, otra referente a la relaciones entre crecimiento económico y desarrollo humano, y otra sobre la tendencia actual de desarrollo humano en el mundo.

Y si no les gusta leer datos o extraer conclusiones, en la página de Ekin Caglar hay otra presentación que habla de lo mismo, pero sin palabras, sólo mostrando imágenes de la realidad.

Set us free

Set us free

Stop locking us down and set us free. Create a good product and we'll give you our money with a smile (and come back for more). Keep locking us in and we're going to be doing everything in our power to get away from you at the earliest opportunity. We're all of us creative people. We're not thieves or pirates or, worse, consumers . We want to create and share, and companies that let us, with good and easy products, are gonna get some loyal followers.

[Leer artículo completo aquí]

Códigos de barras (II)

Códigos de barras (II)

He aquí una breve continuación del cada vez más fascinante tema de los códigos de barras. Parece que el encanto digital y robótico de estos códigos ha llevado a muchos a desarrollar nuevos sistemas de lectura automática de información mediante códigos gráficos, e imaginarles usos útiles. En la web de Azalea Software se pueden encontrar varios documentos y FAQs sobre los distintos códigos de barras que se utilizan actualmente a nivel industrial.

Otras listas más detallada de códigos bidimensionales están en [1] y [2]. No mencionados en el artículo anterior y, sin embargo, especialmente destacables son Data Matrix y el impresionante DataGlyphs. Precisamente Data Matrix es el elegido como codigo visual de etiquetado por la Semacode Corporation para implementar sem@code, su sistema de computación ubícua. En realidad, parece que no es más que una forma pomposa que tiene Nokia de utilizar los códigos de barras para codificar direcciones de páginas web y hacer que sus teléfonos móviles con videocámara integrada descodifiquen el código y descarguen directamente la página de Internet. La Semapedia es una inocente y bella aplicación de este sistema.

Códigos de barras

Códigos de barras

Impregnan los objetos de nuestras vidas desde hace mucho tiempo. Algún día serán también parte de nosotros, tatuados bajo la piel u ocultos en chips microscópicos de identificación. La idea nació en 1948 de dos estudiantes universitarios (Norman Joseph Woodland y Bernard Silver) pero no fue hasta 1973, tras la invención del láser y de los circuitos integrados cuando IBM comercializó el primer sistema viable de lectura de códigos. En la actualidad estamos hasta tal punto familiarizados con ellos que hasta se utilizan como elementos formales en obras artísticas. BARCODE YOURSELF es un bonito ejemplo de como reducir una persona a un sencillo código.

En los últimos años han surgido también varios códigos de barras bidimensionales. En Japón el QR Code está bastante extendido e incluso hay teléfonos móviles con lector incorporado. De hecho, hasta hay un blog escrito en QR Code y se pueden descargar de la red diversos programas para generar estas matrices de código:



[más información]

Otra alternativa occidental es PDF417 (ambos sistemas son open source y tienen libremente publicadas sus especificaciones).

Por cierto, la ilustración que encabeza este artículo es mi código de barras personal. Ya lo saben, es lo que nos depara el futuro, así que no pierdan tiempo y codifíquense cuanto antes.

[vía Information Aesthetics]

Desesperanza

Desesperanza

Últimamente me pregunto con frecuencia si tiene alguna utilidad la desesperanza. La cálida y reconfortante desesperanza con que a veces se tiñe mi vida, como algunos me han hecho notar. Y digo la desesperanza, que no la desesperación, pues entre ellas existen importantes diferencias. La desesperación es un extremo; es final de un itinerario e inicio de otro más violento. La desesperanza, en cambio, es sólo quedarse quieto y saber que no se avanza. Precisando un poco más, según la versión electrónica del diccionario de la RAE:


Desesperanza.
1. f. Falta de esperanza.
2. f. Estado del ánimo en que se ha desvanecido la esperanza.



Desesperación.
(De desesperar).
1. f. Pérdida total de la esperanza.
2. f. Alteración extrema del ánimo causada por cólera, despecho o enojo.

Por ejemplo, si usted es prisionero de una relación sin sentido ni futuro, y además le quedan quince años en un empleo monótono y mal remunerado para terminar de pagar la hipoteca que lamenta haber iniciado, probablemente note la desesperanza asomando cada día, al levantarse, entre sus zapatillas. Estará ahí, sin más ni más, recordándole que tiene una rutina marcada al compás del horario de las superficies comerciales. Carecerá de expectativas concretas para atrapar una vida mejor y divagará, aburrido, entre la programación nocturna de los canales de televisión. Sin ilusiones ni miedos definidos. La cálida desesperanza que le hace sentir vivo. Y lo más cercano a la felicidad serán esos momentos de alivio tras leer la sección de sucesos de los diarios, convencido a fuerza de titulares de que hay cosas peores que la rutina. Si además un lunes llega a su puesto de trabajo y se encuentra con un expediente de regulación de empleo, 40 años en su D.N.I., ojeras, calva prominente y dos bestezuelas irreconocibles a su cargo que gastan más de 100 euros al año en material escolar, quizás entonces sentirá el toque amargo de la desesperación agriando su desesperanza perpetua.

Pero la desesperación tiene una utilidad. Consigue que nos decidamos a hacer lo que jamás nos atreveríamos en condiciones normales. Buscar un empleo mejor, romper lazos absurdos o estrellar un coche en el escaparate de un McDonalds a las 5:30 de la mañana. Adecuadamente controlada nos impulsará con fuerza inaudita hacia algún destino diferente. De cualquier otra forma seremos presa fácil de la ira y nos convertiremos en sencillos muñecos manipulables. En aviones que se estrellan contra edificios o antorchas humanas a las puertas de un juzgado. Peligrosa desesperación sí, pero útil. Frank Miller escribió una vez que un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo. Tal vez sería más correcto decir que es el hombre desesperado, y no el desesperanzado, el que actúa sin miedos. Porque la desesperanza no da valor a nadie, apenas nos vuelve individuos vulnerables e inermes en una sala de espera sin marcador electrónico. Por eso me cuestiono últimamente si tiene algún sentido sentir la anulante desesperanza tan a menudo como me sucede. La tranquila e inútil desesperanza...

[Foto extraída de "Sleepwalk & other stories", Adrian Tomine]

Reduciendo mi pequeño mundo a 5 frases.

Reduciendo mi pequeño mundo a 5 frases.

"Continúan activos 26 incendios en Galicia, ocho con máxima alerta" [vía LaVoz.es]

"La clave para hablar bien inglés no es tanto la pronunciación de las palabras, como la entonación de la frase. Vosotros hablais con ritmos marcados y regulares, en inglés, en cambio, sólo se oyen las sílabas fuertes de las palabras, el resto se inventa..."
(Tasha, Scotland)

"Yo. cut it.
Soy un perdedor
I’m a loser baby, so why don’t you kill me?"


"Pequeña senerata alrededor de una playa. Sonaban peces y palabras." (sobre "For All Seasons") [vía Elástico.net]

"La octava edición del salón del cómic coruñés, Viñetas desde o Atlántico, concluyó ayer..."

Estación central

Estación central

Para conocer una ciudad no hay nada como visitar sus estaciones. Las de autobuses son sórdidas, frías y con paredes de hormigón que huelen a tubo de escape; con imprescindibles quioscos de periódicos recién impresos y postales amarillentas, con cafeterías con sabor a café con leche de desayuno somnoliento y baños en permanente estado de putrefacción. Como es bien sabido que allí se reunen siempre elementos marginales de la sociedad, se aguanta todo lo posible antes de acercarse a las puertas con el cartel HOMBRES / MUJERES colgado, hasta que no queda otro remedio y se entra con la respiración detenida y de puntillas entre charcos de un líquido que podría ser agua, pero no lo es.

Las estaciones de trenes son más personales, mis preferidas. Es posible leer entre los bancos de la sala de espera los inevitables signos de tristeza del pueblo que se queda sin jóvenes, los restos de una próspera capital de provincia venida a menos o los esfuerzos del pueblo de las afueras de una gran ciudad que se convirtió en periferia urbana a base de inmigrantes explotados hacinándose en pisos mínimos y feos y con el color de la fritanga y los orines pegado a sus paredes de forma perpetua. A veces huelen a plástico pasado de moda fundiéndose con tubulares de acero, a veces a ruido de reloj o a puerta de metacrilato incrustada en piedra y algunas otras a gente sudando que arrastra una maleta con ruedas. A veces arrastan heridas incurables. Y siempre hay miedo y un par de miradas tristes y alguien que espera un cercanías con la falsa esperanza de no volver y la pareja que se dice adios clavándose los ojos dentro de la cabeza.

Milano Centrale es un poco de todo esto, extendiéndose por 66.500 metros cuadrados de reminisciencias de otra época. Antes que la actual había otra, pero fue reformada y ampliada con el impulso de Mussolini y así quedó como monumento y al mismo tiempo gran logro del fascismo italiano. Frank Lloyd Wright o Aldo Rossi han dicho de ella que es la estación más hermosa del mundo; tal vez es verdad, sobre todo si se visita al atardecer y sin demasiada gente y olvidando que es la Estación Central de Milán, esa ciudad industrial y lujosa, autoerigida como capital de la moda y del estilo, donde se ha olvidado el dialetto y rige la dictadura de la apariencia y el United Against Ugliness!. Esa infame Milán en que más de un millón de almas se buscan sin consuelo y terminan encontrándose en una estación de trenes. Y es que a lo mejor es mi imaginación, pero cada vez que paso por ella reconozco un rostro con el que ya me he cruzado antes. El estudiante que coge por las noches el tren a la misma hora que yo. Los ojos sin brillo de un anoréxico que miraba sin ver en la infinita tristeza de un McDonalds. La chica bajita que agarra a Bob Marley por el cuello --si Bob Marley fuese un veinteañero italiano con rastas-- y le incrusta un beso hasta lo más profundo de su voz. Los gritos furiosos del loco instalado al final de las vías. La sonrisa tímida de un chico/chica con barba y zapatos de tacón que pide amablemente cambio para una máquina de chocolatinas...

Pero lo cierto es que la estación es también un lugar miserable. En un lateral se amontonan anuncios por las paredes, garabateados en una lengua extraña (ruso como mínimo), junto a orientales de distintas nacionalidades que regatean el precio de productos insondables en un italiano deletreado a duras penas. En otro se turnan la décima botella vacía varios grupos multiétnicos que miran a los carabinieri con compasión cuando éstos pasan enfundados en sus aparatosos uniformes. Y un hombre negro con mil collares empuja de malos modos a su chica y le insiste con su discurso de gimme the money gimme the money o vieni domani vieni domani, que en realidad es lo mismo, excepto que Milán no es Chicago.

Describir la Estación Central de Milán es hablar de una mole gigantesca con surtidores de agua que tienen forma de cabeza de león adornando las paredes y caballos con alas e increíbles relojes octogonales colgando en la entrada. Es quizás la más bella estación del mundo, si se logra olvidar que se alza en la misma ciudad que concentra a todos los perdedores alrededor de sus jardines. Y también es una estación de tren, donde la gente corre y grita y mira los paneles y deja un trozo de sus vidas en los andenes. Cuando esas vidas terminen, la Estación Central seguirá erguida en el mismo sitio, con sus leones, sus caballos y su desesperación impenetrable.

Uno

Uno

Hoy es uno de tantos.

Es un muro, o una prisión, o una puerta, o unas vacaciones con vuelo transcontinental. Vean las palmeras y sueñen un presente distinto en una playa perdida y desierta. Algunos dirán que perdidos ya están, y también solos. Únicamente quedan por conseguir las palmeras y la playa, pero todo junto, porque es fácil encontrar unas palmeras en mitad de la ciudad -- al menos en la mía proliferan en los jardínes, como un exótico síntoma de divismo -- y la playa... bueno, tampoco es difícil si viven en la costa. El quid es encontrar esas palmeras en esa playa, eso sí que es un reto. Uno de tantos sueños para un niño que crece junto a un muro . Uno de tantos días viviendo y muriendo en Palestina.

Pero yo no vivo allí y nunca lo he hecho. Sencillamente imagino mis días ficticios en aquel desierto con sabor a piedra quemada a través de las noticias, las fotos, las columnas de opinión de gente que tampoco ha tocado el muro. Porque yo ya estoy de vuelta en mi casa, y aquí todo es fácil y cómodo. Bajo al centro de la ciudad y veo palmeras en los jardínes y playas con quinceañeras en top-less. O me siento ante el monitor TFT y sueño estas palmeras inmóviles y perfectas abanicándose con la brisa de la playa cristalina. Porque aquí los muros no llevan la amable advertencia de alambre que dice: "esto es una prisión". Así que todo es sencillo. Es sentarse y ver playas. O coger el coche 7 minutos y tumbarse en una toalla sobre la arena. Un mundo simple en que todos los días se parecen demasiado.

Hoy es uno de esos días. Uno de tantos. Me siento tentado a decir que soy un prisionero de mi propia vida, hasta que veo el muro con su playa pintada y despierto. En mi casa hace una temperatura agradable, escucho música, leo libros y me tumbo en el sofá a digerir la comida mirando al techo vacío. Sólo soy un inconformista. Sólo soy un privilegiado.

Uno de tantos.

[Foto: Banksy]

Census. The Enumerator's Dream

Census. The Enumerator's Dream

Si alguno de ustedes es un adicto a volar en líneas low-cost no tiene disculpa. Embarque en el aeropuerto más cercano hacia la verde Edinburgh y asista en directo a uno de los primeros eventos gallegos de globalización: la internacionalización de la morriña. El descubrimiento herético de que si bien la morriña es nuestra, el sentimiento de desubicación y ausencia del emigrante no nos corresponde en exclusiva. Revelador para todos nosotros, como gallegos o como ciudadanos de un mundo que se acerca y nos aleja. Un ejercicio de historia, un ejercicio de memoria que se envuelve de la belleza audiovisual de LUDD34560. Señoras, señores, déjense llevar por el impulso y acérquense a los andenes. Es una oportunidad a punto de partir y quién sabe cuando volverá.

Todos los detalles [aquí]

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A las puertas del cielo

A las puertas del cielo me quedé llamando hace unos días, pero no se abrieron, ni se vinieron abajo para dejarnos pasar a los que allí fuera protestábamos. Dentro, Lou Reed, hablando, supongo, con su voz de terciopelo manchado de heroína. Y no sólo él, también Laurie Anderson y el perro de ambos. A las puertas del cielo me quedé llamando porque cuando el cielo es gratis todos quieren entrar, aunque sólo sea para dormitar entre las nubes y después contar a los amigos que el cielo no es tan especial, que el cielo puede esperar. Para mí, por desgracia, sí que tendrá que esperar.

G L O R I O S O

G L O R I O S O

Si la belleza tuviese nombre, si pudiese tocarse, sería sin duda una cana en el pelo de Patti Smith. Si la tormenta tuviese voz, si los truenos gritasen palabras, las nubes vivirían en las cuerdas vocales de Patti Smith. Y si fuese cierto que el mundo pudiese cambiar, si fuese cierto que el poder lo tenemos todos nosotros y no los gobiernos aliados con los negocios, si todas las palabras de Patti Smith fuesen ciertas, los primeros versículos de la Biblia serían "Jesus died for somebody’s sins but not mine".

En 1975 John Cale ya había escrito un par de páginas en la historia de la música, primero con The Velvet Underground y después por su cuenta. En 1975 se metió en el estudio con Patti Smith y sus chicos y grabó uno de esos discos que nunca envejecen. Treinta años después, he podido ver ese milagro en directo. Ayer asistí a mi primer concierto de Patti Smith, una experiencia cuasi mística. Entre el público estaba gente tan ilustre como Manoel de Oliveira o John M. Coetzee. Sobre el escenario estaba gente tan ilustre como Patti Smith, Tom Verlaine, Lenny Kaye o Jay Dee Daugherty. Patti Smith bailaba, gritaba, se descalzaba o caminaba entre el público para ir hacia su hija y cantarle "cumpleaños feliz". Y lo hacía todo con la misma energía que podría imaginarse de una musa punk con veintitantos años y un disco bajo el brazo.

Pero Patti Smith no tiene ya veintitantos. Ha perdido un marido, una familia y muchos muchos amigos. Lo dejó todo para proseguir su formación y educar a sus hijos. El destino y el cáncer le arrebataron a demasiada gente cercana así que tuvo que volver, tuvo que cantar otra vez. Triste para ella, fortuna para el mundo. Cuando ayer la ví agitar un puño en el escenario gritando "revolution", gritando "gente", gritando "cientos, miles, millones"; cuando ví su danza hipnótica que le descolocaba los viejos vaqueros, que siempre han sido así de desastrosos, juro que podría haber agarrado un cóctel molotov, un fusil y haberme lanzado a destruir costosos trajes de Armani. Porque en su voz y en sus palabras está el sonido de la razón y la furia. Y si fuese cierto que el mundo pudiese cambiar, si fuese cierto que el poder lo tenemos todos nosotros y no los gobiernos aliados con los negocios... entonces, no sé, a lo mejor podíamos volver a empezar.

Jesus died for somebody’s sins but not mine.

COPYFIGHT

Cito textualmente de la página oficial del evento:

"Si siempre hubiera existido la propiedad intelectual, la humanidad no habría conocido la epopeya de Gilgamesh, el Mahabharata y el Ramayana, la Ilíada y la Odisea, el Popol Vuh, la Biblia o el Corán.

Tecnologías digitales de distribución como las Redes P2P, propuestas de reformulación de los derechos de autor como Creative Commons o movimientos como el del software libre nos sitúan en un periodo de nuestra cultura que reclama una revisión del sistema imperante desde hace trescientos años COPYFIGHT es un ciclo de actividades sobre la crisis imparable del modelo actual de propiedad intelectual, y la emergencia de la cultura libre."

Parece interesante, divertido, imprescindible. Nadie se lo debería perder.

COPYFIGHT

La posibilidad

La posibilidad

Uno de cada siete días se levantaba vencido. Se dejaba caer del sueño para que una apisonadora le planchase el ánimo. Sus ciento quince kilos de impotencia gemían al unísono, rodaban entre las sábanas y caían lentas al suelo --los pies por delante, las zapatillas prestas-- para quedarse quietos y sin respirar esperando un disparo que no llegaba, que no llegaba, que no llegaba...

Eran aquellos días en que, aún sin dejarse sentir, las multitudes equivocadas dejaban un hedor a pólvora consumida que íntimamente le repugnaba.

Uno de cada siete días se le rompía el ventrílocuo izquierdo y se le terminaban los suspiros de angustia. Buscaba, con moderada desesperación, un puesto donde encontrar recambio, entre el calor húmedo y sofocante de los atascos de la ciudad, o siguiendo el rastro de silencios recién nacidos. Cada vez que sucedía marcaba en su puerta una raya horizontal que cicatrizaba exáctamente en tres horas. Tres horas en que sus ciento quince kilos de posibilidad se volvían impotencia mientras esperaba un disparo que no llegaba. No sonaba nunca el teléfono. Ni siquiera cuando las rayas de la madera se volvieron cruces y al fin terminaron las posibilidades en un estruendo de pólvora, cuyo olor íntimamente detestaba.

Había perdido una inocencia de la que nunca había sido consciente. No era ya un niño y no recordaba la otra posibilidad.

El fin que no tiene fin

El fin que no tiene fin

B.S.O: Room On Fire, pista 9.

Una de las diferencias principales entre la historia y la ficción es que la ficción siempre tiene un final. Lo sabemos y por eso esperamos desde un principio el click último de la obra en el que todo encaja. Cuando se encienden las luces del cine, cuando se pasa la última página de una novela, cuando el disco de musica llega al final y se escucha el ruido tenue del reproductor al detener la rotación del motor, entonces sabemos que la fantasía ha terminado y que estamos de vuelta en nuestro mundo inconcluso. Ese mundo en que las batallas o bien se pierden o bien permanecen abiertas a la espera de ejecutar su venganza tardía. Nos confiamos o nos resignamos por un instante y al día siguiente aparece en Internet las entradas para un concierto de los Pixies, o de los Doors o incluso de los Backstreet Boys... ¿pero es que nunca hay un final?

Es inútil, pues, esperar a que se tapen las vías de agua del barco. Inútil creer que terminaré de limpiarle el olor a humedad y a algas, porque el final no tiene final. Mejor aprender a convivir con el océano estanco en las rodillas, como Johny Deep en Miedo y asco en las Vegas. Antes aceptar la innata imperfección de una vida que morirse a las puertas de una perfecta quimera, esperando a que su guardián nos permita la entrada.

Tendré que ser breve y necesariamente intenso, y tendré que jugar con las palabras como si fuese su dueño. Sí, creo que una vez más estoy de vuelta, telegrafiando desde una tempestad sin límites. Violaré las reglas de abordo y me saltaré las guardias. Si aún queda alguien para seguir el viaje, que lo aproveché (y gracias por no saltar al bote salvavidas).

The end has no end, the end has no end, the end has no end, the end has no end, the end has no end...

Desde un andén

Desde un andén

Cuando entras en Milán a la estación de Garibaldi tienes que pasar por un tunel. Si llegas en un tren de largo recorrido es probable que pares en Centrale y te quedes pasmado ante los enormes carteles publicitarios de Naomi Campbell que cuelgan entre las columnas de la estación. Pero si vienes de un pueblo cercano, en un tren regional, casi seguro que te va a tocar Lambrate o Garibaldi. Allí no hay mujeres gigantes que se insinuen con el nombre de una marca de ropa tatuado en su piel de cartón, ni frisos de piedra narrando grandes hazañas bélicas del pueblo italiano; sino andenes sucios y gente corriendo entre baratijas y paraguas esparcidos en las mantas de los vendedores ambulantes, teléfonos, máquinas expendedoras de billetes y paneles anunciando retrasos continuos. Si además vas a Garibaldi, y no a Lambrate, entonces tienes que pasar por el tunel. Justo antes de entrar en la estación, el tren desaparece en las entrañas de la ciudad, sumergido bajo las venas del tráfico y los edificios de oficinas. Casi ni te das cuenta porque es tan ancho que no parece un tunel; como si las vías se apagasen al unísono bajo la sombrilla siniestra de Naomi Campbell. Pero sí que es un tunel, y tú ya estás dentro.

Los viajeros más experimentados se levantan y se colocan junto a las puertas para ser los primeros en salir y correr por la estación hacia sus destinos, más o menos deseados. Pero tú te quedas sentado, contemplando la oscuridad, y justo en ese momento comienza a sonar Penny Lane por los altavoces, mientras una voz enlatada te agradece que hayas viajado con ellos.

Penny lane is in my ears and in my eyes...

Tarareas la canción, confiando en volver de nuevo a la luz, bajo tu cielo suburbano.

There beneath the blue suburban skies...

El tramo continúa y parece alargarse más y más ante tus ojos. Cada maldita luz de emergencia del pasaje te produce la sensación de estar en un final que, en realidad, no es más que ilusión. Los Beatles comienzan a repetir lo de Penny Lane Penny Lane. El tiempo se detiene y llega ese instante en que superas el miedo y la perplejidad ante tu situación y aceptas que el resto de tu vida se va a desarrollar en ese vagón vacío, en ese tren que marcha en la noche. Y te das cuenta de que te gusta. Que puedes olvidar al fin que detestas tu trabajo y te pasas el día a las carreras sin entender por qué; que a tu lado la gente no te escucha ni tú tampoco a ellos. Te das cuenta de que antes que volver a tu vida, prefieres la aventura de recorrer los vagones del tren fantasma y sentarte a intercambiar historias con los compañeros de viaje.

I sit, and meanwhile back...

El chasquido neumático de las puertas abriéndose te saca del ensimismamiento. El tren está quieto, ha vuelto luz. De nuevo las carreras, las obligaciones, los trámites, el no escuchar. Caminas por la estación y te diriges al metro. Otro tren que viaja sin descanso entre las tinieblas; pero es otro mundo completamente diferente.

Horas después vuelves a esa estación, ves el retraso de tu tren en el panel de salidas y te sientas en un banco a esperar. Miras a los otros pasajeros que se resignan ante la larga espera. Te gustaría pasar el resto de tu vida con ellos en un vagón de tren. Sacas un bolígrafo y un bloc de notas, pulsas play y comienzas a escribir tu primer artículo offline. Esta vez no es Penny Lane lo que suena.

So many fish there in the sea
I wanted you, you wanted me
That's just a phase, it's got to pass
I was a train moving too fast [...]


[via foto]

La tempestad

La tempestad

Aunque sé que no es una disculpa válida, lo cierto es que a veces las circunstancias obligan. Decidimos nuestras vidas y tejemos lentas espirales a nuestro alrededor hasta que, sin saber cómo, estamos atrapados en una deshilachada tela de sueños inconclusos, entre un pasado razonablemente imperfecto y un futuro tan indeciso como esperanzador. Pero siempre hay una salida del laberinto para quien quiere buscarla. Y yo la estoy buscando.

Lo que quiero decir es que este timonel no ha abandonado todavía el barco; sin embargo, la mar está inquieta y apenas tiene tiempo para recluirse en su camarote a recopilar los papeles del capitán, que tampoco abandona. Quizás varios días, quizás unas semanas, pero igual que toda tempestad acaba por morir entre los juguetes de un niño en la playa, la tinta volverá a correr fresca entre los iones teletransportados de tu pantalla. No ha llegado todavía el momento de que todo termine [aquí]. No abandoneis, os pido, este Titanic sin brecha que todavía navega. No cojais los botes, todavía hay vida.

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¿Evolución o involución?

¿Evolución o involución?

Sin palabras. Apaga las luces, sube el volumen, ponlo a pantalla completa y disfruta [*].

Sin palabras. Descubre quién es quien y ríe (o deprímete) [*].

P A U S E

P A U S E

P A U S E es un proyecto de artache, impulsado por el Arciprete del Duomo de Milán, Mons. Luigi Manganini y realizado con el apoyo económico de Banca Intesa. Al menos esto es lo que dice el programa. El año pasado participaron, entre otros, Bill Viola y Suzanne Vega. Este año los artistas que actúan son Karlheinz Stockhausen, Shirin Neshat y Bill T. Jones. No he podido ver el espectáculo completo pero he estado un rato allí, a oscuras en el Duomo, escuchando como la partitura de Stockhausen cobraba vida en el órgano de la catedral. Una pena que la enorme pantalla translúcida que colgaba treinta metros en el aire no se aprovechase de forma más inteligente, pero impresionante aún así. Lo mejor de todo: que era gratis y que lo he encontrado de casualidad. Y no he estado solo, entré con unos amigos que están de visita.

Tenía pensado escribir mis andanzas en la Estación Central, pero he preferido hacer esta pequeña pausa y contar la noticia. Sé que al auténtico sr. pause, el capitán del barco, le haría ilusión ver su nombre escrito con letras de luz en el aire. Como él no estaba allí, se lo hago llegar. La imagen es del cartel del año pasado, no he encontrado la de este año.

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