|
Temas
Archivos
Enlaces
cuaderno de bitácora
sociedad invisible
enredado en la esfera
(c)ultura (c)ontemporARTe
octetos de realidad
pixels y flujos
sound\'n roll nigger
magnum, lengua y sociedad
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005.
13/08/2005
Uno Hoy es uno de tantos. Es un muro, o una prisión, o una puerta, o unas vacaciones con vuelo transcontinental. Vean las palmeras y sueñen un presente distinto en una playa perdida y desierta. Algunos dirán que perdidos ya están, y también solos. Únicamente quedan por conseguir las palmeras y la playa, pero todo junto, porque es fácil encontrar unas palmeras en mitad de la ciudad -- al menos en la mía proliferan en los jardínes, como un exótico síntoma de divismo -- y la playa... bueno, tampoco es difícil si viven en la costa. El quid es encontrar esas palmeras en esa playa, eso sí que es un reto. Uno de tantos sueños para un niño que crece junto a un muro . Uno de tantos días viviendo y muriendo en Palestina. Pero yo no vivo allí y nunca lo he hecho. Sencillamente imagino mis días ficticios en aquel desierto con sabor a piedra quemada a través de las noticias, las fotos, las columnas de opinión de gente que tampoco ha tocado el muro. Porque yo ya estoy de vuelta en mi casa, y aquí todo es fácil y cómodo. Bajo al centro de la ciudad y veo palmeras en los jardínes y playas con quinceañeras en top-less. O me siento ante el monitor TFT y sueño estas palmeras inmóviles y perfectas abanicándose con la brisa de la playa cristalina. Porque aquí los muros no llevan la amable advertencia de alambre que dice: "esto es una prisión". Así que todo es sencillo. Es sentarse y ver playas. O coger el coche 7 minutos y tumbarse en una toalla sobre la arena. Un mundo simple en que todos los días se parecen demasiado. Hoy es uno de esos días. Uno de tantos. Me siento tentado a decir que soy un prisionero de mi propia vida, hasta que veo el muro con su playa pintada y despierto. En mi casa hace una temperatura agradable, escucho música, leo libros y me tumbo en el sofá a digerir la comida mirando al techo vacío. Sólo soy un inconformista. Sólo soy un privilegiado. Uno de tantos. [Foto: Banksy]
22/08/2005
Reduciendo mi pequeño mundo a 5 frases. "Continúan activos 26 incendios en Galicia, ocho con máxima alerta" [vía LaVoz.es] "La clave para hablar bien inglés no es tanto la pronunciación de las palabras, como la entonación de la frase. Vosotros hablais con ritmos marcados y regulares, en inglés, en cambio, sólo se oyen las sílabas fuertes de las palabras, el resto se inventa..." (Tasha, Scotland) "Yo. cut it. Soy un perdedor I’m a loser baby, so why don’t you kill me?""Pequeña senerata alrededor de una playa. Sonaban peces y palabras." (sobre "For All Seasons") [vía Elástico.net] "La octava edición del salón del cómic coruñés, Viñetas desde o Atlántico, concluyó ayer..."
24/08/2005
Desesperanza Últimamente me pregunto con frecuencia si tiene alguna utilidad la desesperanza. La cálida y reconfortante desesperanza con que a veces se tiñe mi vida, como algunos me han hecho notar. Y digo la desesperanza, que no la desesperación, pues entre ellas existen importantes diferencias. La desesperación es un extremo; es final de un itinerario e inicio de otro más violento. La desesperanza, en cambio, es sólo quedarse quieto y saber que no se avanza. Precisando un poco más, según la versión electrónica del diccionario de la RAE: Desesperanza. 1. f. Falta de esperanza. 2. f. Estado del ánimo en que se ha desvanecido la esperanza.
Desesperación. (De desesperar). 1. f. Pérdida total de la esperanza. 2. f. Alteración extrema del ánimo causada por cólera, despecho o enojo.
Por ejemplo, si usted es prisionero de una relación sin sentido ni futuro, y además le quedan quince años en un empleo monótono y mal remunerado para terminar de pagar la hipoteca que lamenta haber iniciado, probablemente note la desesperanza asomando cada día, al levantarse, entre sus zapatillas. Estará ahí, sin más ni más, recordándole que tiene una rutina marcada al compás del horario de las superficies comerciales. Carecerá de expectativas concretas para atrapar una vida mejor y divagará, aburrido, entre la programación nocturna de los canales de televisión. Sin ilusiones ni miedos definidos. La cálida desesperanza que le hace sentir vivo. Y lo más cercano a la felicidad serán esos momentos de alivio tras leer la sección de sucesos de los diarios, convencido a fuerza de titulares de que hay cosas peores que la rutina. Si además un lunes llega a su puesto de trabajo y se encuentra con un expediente de regulación de empleo, 40 años en su D.N.I., ojeras, calva prominente y dos bestezuelas irreconocibles a su cargo que gastan más de 100 euros al año en material escolar, quizás entonces sentirá el toque amargo de la desesperación agriando su desesperanza perpetua. Pero la desesperación tiene una utilidad. Consigue que nos decidamos a hacer lo que jamás nos atreveríamos en condiciones normales. Buscar un empleo mejor, romper lazos absurdos o estrellar un coche en el escaparate de un McDonalds a las 5:30 de la mañana. Adecuadamente controlada nos impulsará con fuerza inaudita hacia algún destino diferente. De cualquier otra forma seremos presa fácil de la ira y nos convertiremos en sencillos muñecos manipulables. En aviones que se estrellan contra edificios o antorchas humanas a las puertas de un juzgado. Peligrosa desesperación sí, pero útil. Frank Miller escribió una vez que un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo. Tal vez sería más correcto decir que es el hombre desesperado, y no el desesperanzado, el que actúa sin miedos. Porque la desesperanza no da valor a nadie, apenas nos vuelve individuos vulnerables e inermes en una sala de espera sin marcador electrónico. Por eso me cuestiono últimamente si tiene algún sentido sentir la anulante desesperanza tan a menudo como me sucede. La tranquila e inútil desesperanza... [Foto extraída de "Sleepwalk & other stories", Adrian Tomine]
29/08/2005
Códigos de barras Impregnan los objetos de nuestras vidas desde hace mucho tiempo. Algún día serán también parte de nosotros, tatuados bajo la piel u ocultos en chips microscópicos de identificación. La idea nació en 1948 de dos estudiantes universitarios (Norman Joseph Woodland y Bernard Silver) pero no fue hasta 1973, tras la invención del láser y de los circuitos integrados cuando IBM comercializó el primer sistema viable de lectura de códigos. En la actualidad estamos hasta tal punto familiarizados con ellos que hasta se utilizan como elementos formales en obras artísticas. BARCODE YOURSELF es un bonito ejemplo de como reducir una persona a un sencillo código. En los últimos años han surgido también varios códigos de barras bidimensionales. En Japón el QR Code está bastante extendido e incluso hay teléfonos móviles con lector incorporado. De hecho, hasta hay un blog escrito en QR Code y se pueden descargar de la red diversos programas para generar estas matrices de código: [ más información] Otra alternativa occidental es PDF417 (ambos sistemas son open source y tienen libremente publicadas sus especificaciones). Por cierto, la ilustración que encabeza este artículo es mi código de barras personal. Ya lo saben, es lo que nos depara el futuro, así que no pierdan tiempo y codifíquense cuanto antes. [vía Information Aesthetics]
30/08/2005
Códigos de barras (II) He aquí una breve continuación del cada vez más fascinante tema de los códigos de barras. Parece que el encanto digital y robótico de estos códigos ha llevado a muchos a desarrollar nuevos sistemas de lectura automática de información mediante códigos gráficos, e imaginarles usos útiles. En la web de Azalea Software se pueden encontrar varios documentos y FAQs sobre los distintos códigos de barras que se utilizan actualmente a nivel industrial. Otras listas más detallada de códigos bidimensionales están en [ 1] y [ 2]. No mencionados en el artículo anterior y, sin embargo, especialmente destacables son Data Matrix y el impresionante DataGlyphs. Precisamente Data Matrix es el elegido como codigo visual de etiquetado por la Semacode Corporation para implementar sem@code, su sistema de computación ubícua. En realidad, parece que no es más que una forma pomposa que tiene Nokia de utilizar los códigos de barras para codificar direcciones de páginas web y hacer que sus teléfonos móviles con videocámara integrada descodifiquen el código y descarguen directamente la página de Internet. La Semapedia es una inocente y bella aplicación de este sistema.
|