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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005.
16/06/2005
El fin que no tiene fin B.S.O: Room On Fire, pista 9.Una de las diferencias principales entre la historia y la ficción es que la ficción siempre tiene un final. Lo sabemos y por eso esperamos desde un principio el click último de la obra en el que todo encaja. Cuando se encienden las luces del cine, cuando se pasa la última página de una novela, cuando el disco de musica llega al final y se escucha el ruido tenue del reproductor al detener la rotación del motor, entonces sabemos que la fantasía ha terminado y que estamos de vuelta en nuestro mundo inconcluso. Ese mundo en que las batallas o bien se pierden o bien permanecen abiertas a la espera de ejecutar su venganza tardía. Nos confiamos o nos resignamos por un instante y al día siguiente aparece en Internet las entradas para un concierto de los Pixies, o de los Doors o incluso de los Backstreet Boys... ¿pero es que nunca hay un final? Es inútil, pues, esperar a que se tapen las vías de agua del barco. Inútil creer que terminaré de limpiarle el olor a humedad y a algas, porque el final no tiene final. Mejor aprender a convivir con el océano estanco en las rodillas, como Johny Deep en Miedo y asco en las Vegas. Antes aceptar la innata imperfección de una vida que morirse a las puertas de una perfecta quimera, esperando a que su guardián nos permita la entrada. Tendré que ser breve y necesariamente intenso, y tendré que jugar con las palabras como si fuese su dueño. Sí, creo que una vez más estoy de vuelta, telegrafiando desde una tempestad sin límites. Violaré las reglas de abordo y me saltaré las guardias. Si aún queda alguien para seguir el viaje, que lo aproveché (y gracias por no saltar al bote salvavidas). The end has no end, the end has no end, the end has no end, the end has no end, the end has no end...
21/06/2005
La posibilidad Uno de cada siete días se levantaba vencido. Se dejaba caer del sueño para que una apisonadora le planchase el ánimo. Sus ciento quince kilos de impotencia gemían al unísono, rodaban entre las sábanas y caían lentas al suelo --los pies por delante, las zapatillas prestas-- para quedarse quietos y sin respirar esperando un disparo que no llegaba, que no llegaba, que no llegaba... Eran aquellos días en que, aún sin dejarse sentir, las multitudes equivocadas dejaban un hedor a pólvora consumida que íntimamente le repugnaba. Uno de cada siete días se le rompía el ventrílocuo izquierdo y se le terminaban los suspiros de angustia. Buscaba, con moderada desesperación, un puesto donde encontrar recambio, entre el calor húmedo y sofocante de los atascos de la ciudad, o siguiendo el rastro de silencios recién nacidos. Cada vez que sucedía marcaba en su puerta una raya horizontal que cicatrizaba exáctamente en tres horas. Tres horas en que sus ciento quince kilos de posibilidad se volvían impotencia mientras esperaba un disparo que no llegaba. No sonaba nunca el teléfono. Ni siquiera cuando las rayas de la madera se volvieron cruces y al fin terminaron las posibilidades en un estruendo de pólvora, cuyo olor íntimamente detestaba. Había perdido una inocencia de la que nunca había sido consciente. No era ya un niño y no recordaba la otra posibilidad.
25/06/2005
COPYFIGHTCito textualmente de la página oficial del evento: "Si siempre hubiera existido la propiedad intelectual, la humanidad no habría conocido la epopeya de Gilgamesh, el Mahabharata y el Ramayana, la Ilíada y la Odisea, el Popol Vuh, la Biblia o el Corán. Tecnologías digitales de distribución como las Redes P2P, propuestas de reformulación de los derechos de autor como Creative Commons o movimientos como el del software libre nos sitúan en un periodo de nuestra cultura que reclama una revisión del sistema imperante desde hace trescientos años COPYFIGHT es un ciclo de actividades sobre la crisis imparable del modelo actual de propiedad intelectual, y la emergencia de la cultura libre." Parece interesante, divertido, imprescindible. Nadie se lo debería perder. COPYFIGHT
28/06/2005
G L O R I O S O Si la belleza tuviese nombre, si pudiese tocarse, sería sin duda una cana en el pelo de Patti Smith. Si la tormenta tuviese voz, si los truenos gritasen palabras, las nubes vivirían en las cuerdas vocales de Patti Smith. Y si fuese cierto que el mundo pudiese cambiar, si fuese cierto que el poder lo tenemos todos nosotros y no los gobiernos aliados con los negocios, si todas las palabras de Patti Smith fuesen ciertas, los primeros versículos de la Biblia serían "Jesus died for somebody’s sins but not mine". En 1975 John Cale ya había escrito un par de páginas en la historia de la música, primero con The Velvet Underground y después por su cuenta. En 1975 se metió en el estudio con Patti Smith y sus chicos y grabó uno de esos discos que nunca envejecen. Treinta años después, he podido ver ese milagro en directo. Ayer asistí a mi primer concierto de Patti Smith, una experiencia cuasi mística. Entre el público estaba gente tan ilustre como Manoel de Oliveira o John M. Coetzee. Sobre el escenario estaba gente tan ilustre como Patti Smith, Tom Verlaine, Lenny Kaye o Jay Dee Daugherty. Patti Smith bailaba, gritaba, se descalzaba o caminaba entre el público para ir hacia su hija y cantarle "cumpleaños feliz". Y lo hacía todo con la misma energía que podría imaginarse de una musa punk con veintitantos años y un disco bajo el brazo. Pero Patti Smith no tiene ya veintitantos. Ha perdido un marido, una familia y muchos muchos amigos. Lo dejó todo para proseguir su formación y educar a sus hijos. El destino y el cáncer le arrebataron a demasiada gente cercana así que tuvo que volver, tuvo que cantar otra vez. Triste para ella, fortuna para el mundo. Cuando ayer la ví agitar un puño en el escenario gritando "revolution", gritando "gente", gritando "cientos, miles, millones"; cuando ví su danza hipnótica que le descolocaba los viejos vaqueros, que siempre han sido así de desastrosos, juro que podría haber agarrado un cóctel molotov, un fusil y haberme lanzado a destruir costosos trajes de Armani. Porque en su voz y en sus palabras está el sonido de la razón y la furia. Y si fuese cierto que el mundo pudiese cambiar, si fuese cierto que el poder lo tenemos todos nosotros y no los gobiernos aliados con los negocios... entonces, no sé, a lo mejor podíamos volver a empezar. Jesus died for somebody’s sins but not mine.
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