H. Zynisch y los papeles del timonel



Para leer a escondidas ... enciende las velas

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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.

23/03/2005

Cuando se encienden

Mucho se ha escrito sobre la noche y los finales. Morrison cantaba lo que ocurría cuando se terminaba la música. Goethe y Dante, entre otros muchos, narraron lo extraña burocratización de aquella otra vida. Sin embargo, a nadie parece interesarle cómo nace un rayo o se fabrica una vela. Los principios, en un mundo que agoniza desde hace miles de años, casi nunca cuentan.

Pues bien, que nadie lo vea si no quiere, pero ésto es un principio. Encended las velas y que la cera os queme.

H. Zynisch, un incipiente timonel
23/03/2005 13:44 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

27/03/2005

Mastroianni y la armadura ante el cristal

otto152_4.jpgHace una semana exacta estaba despidiéndome de mi ciudad. Volví a casa, a aquella casa, y terminé de hacer mi equipaje apresuradamente, mucho más tarde de lo que había previsto. Hoy estoy sentado delante de un ordenador. El ordenador no cuenta, es una máquina tan excitante, odiosa e imperfecta como cualquier otra; pero el lugar sí que es diferente. Es difícil de creer que estoy viviendo en Italia, en la misma casa donde habitan mis jefes y donde trabajo. Una armadura antigua vigila, con sus armas prestas, que no me lleve nada del lujoso mobiliario. Ni el arcón de madera, ni los candelabros de plata, ni las sillas antiguas de preciosa ebanistería. Detras de la armadura inmóvil, un cristal enorme da paso a una sala, con mil ordenadores, que cambia de color y sonido constantemente, no sé si por causa del proyector o del juego de luces que tiene instalado.

Mientras ordeno y robo papeles en el mar de Internet, estoy escuchando --aunque también sea difícil de creer-- un concierto de jazz frenético en radio3. En mi camarote temporal, sobre una mesa de cristal junto a una chaise loungue de Le Corbusier, espera una televisión digital de unas pocas pulgadas. Hoy por la tarde he escuchado a Mastroianni, en su elegante italiano, jugando a ser Fellini en 8 y 1/2 . Al lado del ratón aguarda, todavía virgen, una caja con un DVD (PAURA e DELIRIO a LAS VEGAS).

Es cierto que no todo son rosas. Estoy prisionero, no tengo independencia, no tengo libertad y me siento un intruso; pero cuando logro olvidar todo eso, cuando me concentro en Claudia Cardinale sonriéndole a Mastroianni - Fellini, entonces comprendo por qué hace una semana me despedía de mi gente (y de aquella chica con olor a camomila) para embarcarme en algo que aún me sobrepasa.

Hace tiempo que comprendí que los grandes momentos de una biografía no son los mismos que los instantes felices de la vida misma. Las fechas que aparecerían en una entrada enciclopédica que llevase mi nombre serían la de mi nacimiento y muerte, el día exacto que comencé y terminé cada uno de mis ciclos educativos y los años en que logré mis éxitos profesionales. Nada diría de aquella sobremesa de noviembre en un cuarto de Toulouse, fumando hachís y sacando fotos con una amiga a los cristales empañados. Ni mencionaría, tampoco, aquel súbito despertar en el vagón vacío de un tren tras haber llegado al destino. Sería olvidada la primera vez que me bañé en una playa en invierno, aferrado a una tabla de surf y rodeado por mi ciudad, más preciosa que nunca. Sin embargo, fui feliz. Aquel día en Toulouse conté mi teoría de los picos de tiempo. Hace unas horas noté como llegaba uno de ellos y se marchaba a su caprichosa velocidad. Somos felices cuando no lo sabemos, cuando logramos olvidar la artificial estructura de lo convencional y vivimos únicamente en tiempo presente. Ni siquiera podemos retener el instante. Llega y se pierde sin demora en ese pasado que trae consigo la idea de futuro y la anfibológica linealidad del tiempo fósil. Pero la belleza, la felicidad, no es más que el aroma cálido de un café de invierno en cualquier estación de autobuses de pueblo, fría y yerma. Nadie podrá quitarmela. Nadie sabrá que Mastroianni me sedujo con su traje en blanco y negro y sus gafas de Martini. Hoy he sido feliz un instante y eso basta.

Otras formas de escuchar

Todos los días leemos artículos que dicen que Internet está cambiando nuestra sociedad de forma irreversible. Cualquier comentarista del tres al cuarto dice que ya no se escucha la música de la misma manera, ni la televisión, ni los libros. Ahora todo es interactivo, personalizable y colaborativo. Pues bien, ¿alguien puede decirme, por favor, en que ha cambiado su forma de escuchar la música desde que tiene una conexión de banda ancha en casa? Mención aparte de las descargas masivas de MP3 y DivX mediante las redes de intercambio de ficheros, lo cierto es que los ciudadanos de a pie apenas exploran las posibilidades que Internet -que alguna gente que utiliza Internet, perdón- ofrece.

Seguramente no son ni los únicos ni los mejores, pero estos enlaces son algunos ejemplos de lo que se puede hacer con Internet, apasionados de la música y gente con ganas de aprender.

http://www.musicbrainz.org

http://www.audioscrobbler.com
http://www.last.fm/
27/03/2005 15:10 Enlace permanente. Tema: sound\'n roll nigger No hay comentarios. Comentar.

El viejo truco de las pantallas transparentes

transparent.jpgÚltimamente han aparecido, en varias páginas que visito, fotos de ordenadores con pantallas transparentes. La primera vez que lo ví, realmente me quedé alucinado. Tras superar la impresión inicial y después de leer un poco, han cambiado un poco mis impresiones al respecto, aún así, reconozco que es ingenioso.

En Flickr (un sitio bastante interesante) se puede encontrar un grupo que se dedica a esto.

Algunos enlaces:

http://blog.flickr.com/flickrblog/2005/03/this_is_harder_.html
http://www.flickr.com/photos/40316590@N00/7324322/in/pool-transparentscreens/
http://www.flickr.com/photos/plindberg/7290018/in/pool-transparentscreens
27/03/2005 14:30 Enlace permanente. Tema: enredado en la esfera No hay comentarios. Comentar.

28/03/2005

La lluvia y la luz

ritratto.jpgLa vida es, desde luego, sorprendente. Hace 25 horas había decidido acercarme hoy a Milán a ejercer de turista, como corresponde a todo extranjero que habite cerca de una gran ciudad. Una hora más tarde, es decir, hace 24, había cancelado mis planes de europeo medio --lo cual espero no ser-- porque la previsión meteorológica anunciaba mal tiempo para el turismo a pie. Así que, un día más, me he quedado en el interior de esta mezcla entre mansión, hogar post-moderno y lugar de trabajo de chic y creativo.

Pero, pero... siempre hay un pero, claro. Sin conflictos no habría tragedias, dramas, historias ni arte. Así que el "pero" de esta historia es que la previsión meteorólogica se equivocó y ha sido un día espléndido. No he caminado por Milán. He estado, de nuevo, aquí encerrado y he prestado unas horas de futura vista cansada a este ordenador. Éste prodría ser el final del artículo, en cuyo caso, sería una tragedia. Una tragedia mínima, cotidiana, de las que no se puede extraer material ni para un anuncio. Pero, nótese que aquí hay otro pero, a cambio mi salud ocular (y mental) he descubierto que mi jefe, es decir, mi anfitrión, ha ganado un Oscar. No sé exactamente cuál era su función, quizás incluso director, pero este hombre dice haber ganado un Oscar por un cortometraje. Lo que es indudable es que ha realizado al menos un cortometraje, pues me ha mostrado un fotograma enmarcado del mismo, con inscripciones por detrás que hablaban de su trayectoria profesional como cineasta (ha estudiado cine en Los Ángeles, Tokio, etc.). Había también una foto en blanco y negro suya, tomada hace muchos años. Parecía Coppola.

No entiendo cómo ha podido suceder que alguien con aquellos brillantes inicios haya llegado hasta aquí. Es decir, es bastante rico, sí, tiene contactos en muchos sectores y continúa, de alguna manera, ligado al mundo audiovisual, pero es distinto. Ahora lo veo todos los días vestido con sus trajes caros, con corbatas, con el pelo corto y la barba rasurada... ¿qué ha sido de aquel tipo desaliñado y creativo? Según su compañera, mi jefa, es la vida quien decide estas cosas. Extraño, sin duda.

La mejor parte ha llegado después, cuando me ha mostrado que esta empresa fue la que se ocupó de todo el diseño gráfico en la entrega de los premios Grolle d'Oro 2003 (el equivalente italiano a los César franceses o a los Goya españoles). Lo he visto con mis propios ojos: los carteles, los libretos, los DVDs... En su página web tienen vídeos de las conferencias que dieron algunas personalidades del cine italiano, entre ellos Storaro, Vittorio para mi jefe, que, al parecer es amigo suyo. "Cualquier día le llamamos y hablamos con él, ¿vale?" -- ha dicho para terminar.

Teniendo en cuenta que en esta casa hay un libro enorme de Tashen sobre "Some like it hot", que incluye una copia fotográfica del libreto de Marilyn Monroe en la que podemos ver incluso las anotaciones personales de Norma Jeane; pues, no sé, a lo mejor es verdad. Al menos la ilusión no me va la a quitar nadie.

He tenido durante horas una sonrisa de oreja a oreja. Realmente sorprendente esta vida, sí señor.

El impacto

strokes.jpgSe nota que les gusta Lou Reed, aunque él los ignore. No son los mejores, no son los únicos y han tenido demasiado éxito en muy poco tiempo. Además, odio que intenten imponer su moda de vestir cuidadosamente mal con ropa cara hecha para parecer lo contrario. No me caen bien, sin embargo, he de reconocer que me gustan. Quizás es porque me recuerdan a un buen amigo, o porque volvieron al rock cuando reinaba una especie cualquiera de pop en el mundo. No lo sé.

Son The Strokes. Dos canciones de ejemplo (al azar):

12:51 (Real Media)
Reptilia (Windows Media)

Nota para freakis: The Strokes + Los Ronaldos = Los Strokaldos

29/03/2005

¿Dónde estamos cuando no estamos aquí?

cities.jpgElige un tema, un tema cualquiera, uno que no consideres complicado. Listo, ¿no? Seguro, no es tan difícil. El embrollo llega cuando te dicen piensa en algo bueno. Enseguida descartas seis ideas, las obvias. Pero aún así es sencillo, dices: la esperanza, Lou Reed, el océano, el software li bre, W a t c h m e n y Stanley Donen. Vale, tú ganas, has dicho seis de las once (como máximo) cosas que salvan el mundo. Eres un jugador profesional, pero olvídemoslo por un instante. Finjamos que navegas solo y sin rumbo fijo en el espacio WWW. Finjamos que piensas que la tierra es redonda y que la esperanza, justo antes de desaparecer, reúne litros de lágrimas negras en la cola de un hospital para suicidas. Finjamos que Lou Reed es, además de alguien que escribe versos con heroína, un gilipollas engreído que ha perdido el rumbo; que el océano es sólo un mar contaminado con problemas en la pituitaria; el software libre, una especie en vías de extinción y Watchmen una obra pretenciosa con dibujos aburridos y violáceos. Finjamos que Stanley Donen es un genio que lleva casi veinte años sin que le dejen (los seguros = las empresas) crear. ¿Listo?

Pues ahora que fingimos que eres alguien real, mírame a la cara y dime que hay algo bueno. Dime que no perdemos libertad y las ideas aún brillan dentro la oscuridad, que las ciudades son todavía espacios vacíos pero humanos, y que cuando fumo (si fumase) el humo cancerígeno es el que me mata y no un miedo frenético. Díme algo bonito, por favor, dímelo al oído, íntimo, que nadie lo escuche. Sólo dime que estás aquí y que el anciano Sr. Donen se ha levantado una fría mañana de viernes en febrero para ir a un rodaje. [...]

¿Cómo? ¿Qué has dicho? [...] No importa, gracias. Sólo quería escuchar tu silencio. Porque, cuando [yo] no estoy aquí, no sé dónde estoy, y, a veces, sólo a veces, me da un poco de miedo.

Dime que... [sí]

Gracias.

PD: ¿Sabes cuáles son las otras cinco cosas buenas?
29/03/2005 23:48 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
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